Acompañar a un compañero animal en el tramo final de su vida es, probablemente, el reto más exigente al que nos enfrentamos. No solo por el vacío físico, sino por la responsabilidad de tomar decisiones cuando el equilibrio de su bienestar se vuelve frágil. En lo que ha sido mi proceso, me han ayudado mucho las reflexiones de Xavier Melo y Luján Comas que plantean que la muerte no existe como fin, sino como un cambio de estado. Esta perspectiva me ha ayudado a vivir una transformación que quiero compartir con quienes hoy transitan este camino.
1. Poner el bienestar en el centro: Custodiar el «SER»
A menudo confundimos amar con retener. Melo y Comas insisten en que somos conciencia, no solo cuerpo. Si aplicamos esto a nuestros perros, entendemos que nuestro derecho no es alargar su vida a toda costa, sino custodiar su dignidad. Su bienestar.
Si el tratamiento para el síntoma anula al individuo —su alegría, su capacidad de disfrutar, su esencia—, el tratamiento ha fracasado.También Comas y Melo hablan sobre lo que hemos venido a hacer, las sinergias que creamos en nuestro camino, cómo nuestra «misión» afecta a la de otros con los que conectamos en el camino… y lo fundamental: DEJAR SER. Si la muerte no existe, si sólo es un cambio… Cuando el camino termine, permitir que su conciencia se libere de un traje físico que ya no da para «hacer la croqueta» por la vida.
2. La orfandad de las rutinas y el Campo Cuántico
Es inevitable sentirse huérfana de rutinas: extrañar la carita de gorrón cuando comes, retirar sus juguetes o lavar la ropita que ha llevado, arneses… Dormir en la cama gigante que comprase que llena toda la habitación, y que era a medida de sus necesidades.
Dice la Dra. Comas, estamos conectados en un campo que no entiende de distancias físicas.
Ese echar de menos es el tributo que paga nuestro cuerpo por haber creado una sinergia tan profunda. Sin embargo, el duelo cambia cuando dejas de mirar lo que has perdido y empiezas a mirar lo que esa vida ha significado. Mi compañero no fue solo «mi perro»; fue un maestro que, incluso en sus momentos más delicados, encontraba la forma de ser él mismo, de ser «tontaco» y disfrutar. Su vida fue una victoria del espíritu sobre la biología.
3. La soledad del cuidador y el filtro de los vínculos
Hay una realidad de la que se habla poco: en este proceso, te vas a ver sola. El duelo es un filtro implacable que te muestra quién sabe acompañar en silencio, desde el silencio o hablando, entendiendo sin avasallar… Porque la verdadera empatía no es hacer preguntas técnicas a posteriori por saberlo todo. Por qué ahora SABER te urge más que en su momento haber estado? Haber estado cuando cuando el camino se hizo estrecho.
Pues mira, de aquí puedes sacar otro aprendizaje: a reubicar tus afectos.
4. No tener miedo al cambio: Misión Cumplida
Si la muerte es solo un cambio de frecuencia, como dice Xavier Melo, no hay lugar para el miedo, solo para la gratitud. Estar «entera» tras una pérdida no significa querer menos; significa haber comprendido que la misión se ha cumplido. Es lícito tener miedo, pero… es limitante. La vida te va a cambiar con su partida, esto es así. Pero ese cambio es la última lección que nos dejan: la capacidad de seguir adelante integrando todo lo que nos enseñaron. Cosmo se ha licenciado en libertad, ha brillado como una estrella y ha dejado a su paso la estela más bonita y los mejores recuerdos.
Para los que hoy cuidáis en silencio: ánimo. No es un adiós es un hasta la vista. Y si estáis siendo el puente hacia su libertad? si el precio de haberse implicado es luego tener el corazón blandito… Y echarle así de menos, a mi me vale la pena. Si tú le acompañas a la libertad y luego él ni se pasa a verte en sueños… no hace más que confirmar que lo has hecho asquerosamente bien y que era (efectivamente) un sinvergüenza disfrutón. Por ahí andará haciendo croquetas en las nubes.
