Si decides tener perro

Tener un perro en tu vida es, en sí mismo, una forma de vivir. No es incorporar un objeto decorativo ni un mueble a la casa; es hacerte cargo de un ser vivo con emociones, tiempos y necesidades propias. Si decides dar el paso, debes entender que ese animal dependerá de ti para todo.

El día a día: acompañar y sostener

Para mi, tener un perro en tu vida es en sí ya, una forma de vida. Es incorporar a un ser del que
vas a ser responsable. Ni es parte del mobiliario, ni un adorno, es un ser vivo, con emociones, con
necesidades, con tiempos y con sus necesidades. Y si llega a tu vida… depende de ti para todo.
Tener perro es esto:
Es acompañar.
Es sostener.
Es aprender a leer lo que necesita incluso cuando tú estás cansado.
Es salir, aunque llueva, si el perro es de mojarse con gusto.
O de no salir si hay ruido, tormenta, o el animalico no está teniendo el día.
Es aparcar el silloning para jugar con él, es observar, entender, ajustar, pedir ayuda cuando no
llegas.
Y sí, es cansarte y pasar sueño. Mucho a veces.

De cachorro a adulto: la vida fluye rápido

Hay quien siente incomodidad o se siente abrumado con las travesuras del cachorro o las hormonas de la adolescencia. A veces parece que esperamos un tiempo de «velocidad de crucero» que no llega, porque como decía Lennon: «la vida es eso que pasa mientras haces otros planes».

En los perros, la vida fluye a una velocidad asombrosa. Si te pasas el tiempo pensando «a ver si esta etapa pasa», te lo vas a perder. Y solo sucede una vez. Además, debemos proyectar el futuro: ¿qué pasará cuando sea mayor y necesite medicación, rehabilitación o cuidados especiales por deterioro cognitivo? Tú deberás estar ahí.

La honestidad ante el error: cuando no puedes asumir la carga

A veces, una familia se da cuenta de que la responsabilidad de tener un perro les viene grande. Aunque lo ideal es reflexionar antes de adoptar, lo más honesto si te has equivocado es buscar una solución rápida.

Si sientes que no puedes darle la vida que merece, lo más ético es:

Ser responsable hasta el final: Tu última responsabilidad es garantizarle un buen hogar.

Reconocerlo cuanto antes: Cuanto más joven sea el perro, más fácil será su reubicación.

Minimizar el daño: Al dejarlo ir, le has «robado» parte de su cachorrismo y su vínculo inicial. Encuéntrale un lugar donde sea realmente querido.

Como responsable… Te toca ser responsable.